Estado de shock, perfecta expresión para definir cómo nos sentímos muchos ante la avalancha de medidas involucionistas que el Gobierno de Rajoy está adoptando desde que llegó al poder. La “number one”, la reforma laboral, encabezada por un número, el Real Decreto Ley 1 de este año, de consecuencias dinamitadoras sobre el modelo de relaciones habituales y laborales largamente conquistado por los españoles.
Pero no cesaron, eso sí, ahora de forma programada, como quien coloca bombas que harán explosión secuencialmente en cada uno de los pilares del estado de bienestar y en los derechos y libertades que, hasta ahora, creíamos que se quedarían para siempre. También le tocó a sanidad y educación, prometidas como intocables por el PP antes de las elecciones, entraron como mercadería para abrir paso a negocios privados y para excluir a los más débiles. No se te ocurra ponerte enfermo si no tienes “pasta”; si no tienes medios difícil lo tendrás para estudiar.
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Puede parecer imposible caer en un mayor número de despropósitos en tan parco periodo de tiempo en el gobierno como lo está haciendo el PP. Analizar las decisiones tomadas por el gobierno de la nación nos llevan a un esperpento repleto de incumplimientos flagrantes que dibujan un panorama desolador. El PP arrasa con los consensos que de manera tácita nos hemos dado entre todos para que nuestro estado de derecho sea más social y reparta equitativamente las cargas que las vidas menos afortunadas padecen.
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