Aparte de ser el título de una buena novela de Jane Austen (y de una no peor película), creo que todas las actuaciones de la ciudad, y la propia ciudad, hay que hacerla con sentido y sensibilidad. Sometidas al filtro de estas dos sencillas palabras, probablemente cuestionemos la oportunidad, los tiempos y los impactos sociales y medioambientales de actuaciones de la ciudad que han dado que hablar como la reurbanización de la Plaza de la Merced, el embovedamiento del río Guadalmedina, o las colinas (que nunca lo serán) del Limonar.
Aunque no con estas palabras, pero con otras, el libro de Carlos Hernández Pezzi que ayer fue presentado (de la mano de Adelaida de la Calle, Salvador Moreno Peralta, y yo misma), habla de ciudades hechas con sentido, sensibilidad, con calidez humana y con respeto medioambiental.
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Estos días la ciudad ha recuperado el debate sobre el futuro del río Guadalmedina a su paso por la ciudad y nada más empezar hemos descubierto que existen dos alternativas, que no son técnicas, sino ideológicas, de modelos de ciudad.
La primera, la de siempre. Francisco de la Torre propone embovedar el río, con más cemento, e incluso habla de poner más carriles de tráfico ¡y hasta un parking! ¿os suena?.
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En unos momentos tan comprometidos económicamente a nivel mundial, donde todas las Administraciones han tenido que aplicar unos presupuestos restrictivos, con bajadas más o menos contundentes en sus presupuestos, el Ayuntamiento de Málaga ha operado el milagro de subirlos. ¿Y eso cómo se hace? se preguntaría cualquier persona con un mínimo sentido común, a sabiendas que las fuentes de ingresos reales han disminuido, y que nada hace esperar en el año próximo cambie radicalmente.
Literalmente “imaginando” o mejor dicho, inventando ingresos futuros. Eso es lo que ha hecho este año el Ayuntamiento cuando contabiliza como ingresos sobre los que soportar futuras inversiones el 20% de las inversiones, bajo la esperanza incierta de cobrar cuantías que proceden de convenios urbanísticos.
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Ayer me realizaron una entrevista en Twitter, a la que accedí muy gustosamente. Sin duda es un formato nuevo, que tendrá que mejorar, pero que, desarrollada en una red donde las preguntas y respuestas no deben sobrepasar los 140 caracteres, ofrece interesantes posibilidades no solo para las entrevistas sino también para el debate. Fue una entrevista, tengo que decirlo, atípica, esperada con cierta impaciencia o al menos con expectación por lo novedoso en el panorama político malagueño. Lo único acordado fue el tiempo, media hora, condicionado por mi agenda de trabajo. Aunque las preguntas tardaban mucho en ir saliendo (casi tanto como mis respuestas) pude atender a todas las que me realizaron en el tiempo previsto. Las preguntas solo las conocía el entrevistador y aquellos malagueños que les enviaron las suyas.
Es complicado responder con tan pocos caracteres, máxime cuando había que incluir en cada respuesta la palabra GazpachueloParty. Esta denominación para el evento denota una cierta dosis de informalidad de la entrevista, y por lo tanto en ella pueden caber, también para la entrevistada, cierta dosis de informalidad y humor, de las que siempre se acusa a los políticos de carecer.
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Comunicar es mejorar. La comunicación acerca personas, acerca lugares, acerca sentimientos. Ya estamos más cerca del mar, más cerca de un puerto, que cada vez es más ciudad y menos recinto portuario. Ha empezado a retirarse la verja del Puerto.
Málaga recibe cada año decenas de miles de cruceristas cuya primera imagen de la ciudad es el puerto. Por ello, estamos cambiando su imagen, convirtiéndolo en la primera postal que una ciudad como la nuestra ofrece al turista, y al mismo tiempo convirtiendo ese espacio en un lugar de disfrute para los malagueños.
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Hay una película italiana, que sólo consiguió parcialmente los resultados que su director buscaba, que se llama El Gran atasco, y que pretende ser un reflejo de la sociedad contemporánea y mostrar las reacciones dramáticas de los conductores al quedar atrapados en un gran atasco en las afueras de Roma.
Esa metáfora de la vida contemporánea, aunque en menor medida, eso es cierto, nos pasa en Málaga cuando vamos por la ronda oeste, o volvemos del Parque Tecnológico y queremos entrar en la ciudad, o cuando se queda averiado un coche en medio del paseo marítimo.
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