La de las mil tabernas

Desde pequeña escuché esta frase popular (creo que era producto de una copla) que mi madre pronunciaba para reprochar el poco hábito lector en nuestra ciudad. ““Málaga, ciudad bravía, que entre antiguas y modernas, tiene veinte mil tabernas y una sola librería”.

Aún no se lee tanto en Málaga como sería deseable, pero es cierto que la Málaga de hace 30 años, cuando yo escuchaba esta frase hecha, no es la misma que la que nos encontramos hoy.

Es cierto que nuestra provincia es aún la que menos establecimientos de este tipo tiene por habitante en el panorama nacional. Una por cada 10.764 personas, muy lejos de una por cada 2.878, como es el caso de La Coruña, el otro ejemplo que se sale de la estadística por arriba. Pero no es menos cierto que han irrumpido en nuestro panorama librerías de grandes cadenas que venden números muy superiores a los de la librería tradicional. La Fnac, el Corte Inglés, y otras grandes superficies, son lugares habituales para la búsqueda de libros para autoconsumo o regalo, y aunque no se conocen su número de ventas, suponemos que lo hacen como varias librerías juntas cada una de ellas.

Creo que la decisión de comprar en una gran superficie respecto de la librería tradicional tiene mucho que ver con la necesidad de consejo o las prisas en la compra. Yo sólo acudo a las primeras cuando tengo claro el libro y/o porque por razones de tiempo me sea más rápido comprarlo en uno de estos lugares. Si quiero disfrutar de elegir con tranquilidad o simplemente quiero merodear por las traseras de los libros sin ánimo específico de comprar, acudo a la librería de siempre. Allí siempre tengo la oportunidad de reacabar un consejo. Y compartir alguna opinión sobre lo último que hemos consumido. Así me ocurre cuando requiero de los sabios consejos de Pilar o Jose Antonio, que me “iluminan” en la librería Luces. Ellos son los culpables de mis mejores compras.

Creo que estas virtudes del negocio tradicional hace que algunos echemos de menos el aroma de las librerías antiguas, como la desaparecidas Denis o Cenvantes. Yo guardo un dulce recuerdo de aquella otra que estaba en calle Granada “la estrechilla”, llamada “Negrete”, donde desde muy niña ya compraba mis primeros libros, a un librero de gafas con cristales muy gruesos y de estatura pequeña, que en medio de un aparente caos buscaba el libro solicitado en la planta baja o en una improvisada planta primera a la que se accedía por una escalera de quita y pon. Un amigo me comentó que dicha librería era conocida por ser muy “roja”, pero yo a aquella edad (diez, doce años) aún no buscaba libros comprometidos -empecé con los clásicos-, cosa que hice ya más tarde y claro, en un clima de una España ya abierta y en democracia. El papel que los mayores juegan en la afición a la lectura de los niños es fundamental.Son grandes imitadores, y si te ven en casa con un libro entre las manos, ellos tratan de hacer lo mismo. Recuerdo que esta afición a la lectura me vino de mi madre, que, aunque el dinero escaseaba bastante, hacía ir a mi hermano a la tienda de intercambio de libros de segunda mano, con algo parecido a un carrito de la compra repleto de libros y tebeos, al devolverlos y al traerlo con una nueva remesa.

En todo caso, decía, creo que hoy día se compran más libros que lo que representan las aun escasas librerías de Málaga, porque tampoco están contabilizados los libros que, cada vez más, se compran por Internet (la malagueña Agapea es un “crack” en el sector de venta online de libros en papel), como tampoco están considerados los libros digitalizados que se descargan para ebook, como la librería malagueña Canales 7, aunque este mercado sólo esté empezando a dar sus primeros pasos.

Creo que todas las formas de lectura y todos los lugares donde adquirirlos son buenos, y no hay que resistirse a los nuevos hábitos, con tal que sirvan sobre todo para atraer a cada vez unos jóvenes más despegados de la cultura del papel y más amantes de los “bytes”. Yo tengo un ebook aunque cierto es que la escasa disponibilidad de libros en este formato me disuade de usarlo. Pero quizás terminemos escuchando una nueva copla (o politonos, si nos vamos a la jerga más actual) que pronto diga, “Málaga, la de las mil descargas de libros y unas cuantas cervecerías”. La cuestión es que no dejemos de leer.

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1 Response to "La de las mil tabernas"

  • Regina says:
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