Un grupo de empresarios jóvenes de Málaga compartió con Miguel Ángel Heredia, Jesús Caldera y conmigo misma un rato de reflexión sobre la situación económica actual y las medidas del gobierno. 
Caldera hizo una magnífica exposición del origen de esta situación sobrevenida de ataque financiero al euro, mientras los empresarios y empresarias daban su punto de vista y preguntaban el porqué de la subida del IVA, la dificultad de hacer cobrar sus deudas, las complejidades del despido procedente, y tantas otras cuestiones. También aportaron sus soluciones (invertir más educación, tener más capital riesgo), alabaron los instrumentos de la Junta, como el “campus”, y debatieron sobre el precio de la energía o la dificultad de pagar la nómina de sus empleados. De lo pequeño a lo grande y al revés, sin orden que encorsetara el debate. Habría mucho que escribir con todo lo que aquella tarde dio de sí, pero me quedo con la grata experiencia de poder hablar de tú a tú sobre la compleja situación actual, comprender las experiencias y la dureza de ser joven empresario/a y su empuje vital para contribuir a hacer una Andalucía y una Málaga mejor.
Lo que más me gustó: las alusiones a la responsabilidad social de las empresas, cuestión que sé yo, de primera mano, que muchas de nuestras empresas jóvenes practican desde que nacieron.
Hoy recomiendo este libro de autor malagueño que ha sido para mí toda una revelación. Conocí al autor y me sugirió otro segundo, que me gusto tanto o más que el primero.
No sólo el autor es malagueño, sino que la trama se desarrolla en Málaga capital, en concreto en el Hospital Carlos Haya, donde los distintos personajes se encuentran en la sala de espera de UVI y comparten sus historias, sus tristezas.
También es un libro que abre en canal del debate de la eutanasia, y los hace desde un aspecto tan humano que pareciera salir de una historia real aunque sea ficción. Es en libro lo que “Mar adentro” en cine, salvando las distancias.
Conocí a Miguel en una ocasión en que invité a autores malagueños a una iniciativa de “bookcrossing”, esto es, a dejar sus propias obras en espacios al aire libre para quien quisiera los “rescatara”, los leyera, y los devolviera a otro espacio público donde quiera que fuese. Cien libros de autores malagueños fueron depositados desde la cafetería del Museo Picasso, a los jardines de la catedral, a la Avenida de la Aurora.
La idea fue la de dar a conocer a nuestros autores malagueños por sus buenas obras, como yo hago ahora al recomendar esta obra de Torres de Uralde. Muy pronto espero recomendar “Lausana” de Antonio Soler, que está sobre mi mesita de noche esperando a ser devorado. ¡Que corto es el tiempo que tengo para leer más!
Como en otros casos, excelente recomendación de un amigo, que sirve para reflexionar sobre aquello que supuestamente sabemos pero olvidamos demasiado pronto.
Una lectura muy certera para estos tiempos de incertidumbre, que recuerda que en toda crisis hay elementos de oportunidad.
Subrayé una frase, que sirve de cabecera,de Eduardo Galeano que transcribo para quien no tenga la oportunidad de leerlo “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos….¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.
Metida en harinas -mejor dicho en barro- hoy pisamos los primeros 100 metros del túnel que lleva desde la Avda. Louis Pasteur hasta el otro lado de la autovía.
Es curioso sentirse dentro de lo que dentro de poco será el espacio donde la gente se desplazará con normalidad al trabajo o por razones de ocio. El metro de Málaga.
Tengo esa sensación cuando viajo en Ave a Madrid, porque yo ya visité como responsable de Industria el túnel del Valle de Abdalajís. Fui en un trenecillo minero entonces, cuando estaba la línea en obras. Y ahora visito el futuro metro a pie. Pero con la misma ilusión y certeza de volver a vivirlo y disfrutarlo como proyecto colectivo.