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Fue el 14 de febrero de 1991. Ese día empezó una historia de amor. Es cierto, todos los días empiezan historias de amor. Unas con más éxito que otras, pero en todas, de eso estoy segura, las personas damos lo mejor de nosotras para que todas salgan bien.
El 14 de febrero de 1991 se inició una historia especial, ya que fue el primer concierto de la entonces Orquesta Ciudad de Málaga y hoy Orquesta Filarmónica. Esa historia de amor cumplirá en 2011 veinte años de amor, veinte años de relación entre la música y la ciudad, una iniciativa que impulsó decididamente el entonces alcalde de la ciudad, el socialista Pedro Aparicio, al que Málaga le reconocerá siempre su gran labor en pro de nuestra urbe.
Ayer presentamos la programación de la nueva temporada de la Orquesta Filarmónica de Málaga, la 2010/2011, que en justo reconocimiento a ese 20 aniversario realizará en febrero de 2011 un programa especial, en el que disfrutaremos del estreno de una obra de encargo del compositor y también director malagueño Martín Jaime.
Ese gran amor entre Málaga y su música, esa gran amistad, estará bendecida en la próxima temporada por un nuevo director, el maestro Edmon Colomer, en quien tenemos puestas muchas esperanzas para que la Orquesta de Málaga –sostenida financieramente a partes iguales por la Junta de Andalucía y el Consistorio- pueda dar un salto de calidad en su proyección.
. Este viernes he estado con los futuros universitarios malagueños. Muchos apenas tienen aún tres años, pero ya han pisado su universidad. Y son ellos los que hoy han inaugurado el Bosque del Conocimiento de la Universidad de Málaga. 
No, tanta actividad no me ha vuelto majarona ni se me ha ido la cabeza. Sí, tienen tres años y están para comérselos, como todos los niños a su edad. Y son las personas que la Universidad de Málaga ha elegido para inaugurar el Bosque del Conocimiento, una zona verde en el nuevo campus de Teatinos donde hemos plantado 200 árboles.
Por cierto que los inauguradores, claro, como no podían con las palas que teníamos los mayores para echar la tierra para plantar los árboles, pues ellos han usado las manos para arrojar la tierra. Como en la playa, pero sin cubitos ni rastrillos.
Los niños, que van a la guardería de la UMA, son nuestro futuro y cuando dentro de 15 años vayan a la Universidad, estos árboles habrán crecido con ellos y el campus disfrutará de una extraordinaria zona verde, un área de esparcimiento de los que tanto echamos de menos en nuestra ciudad. Un campus, por cierto, aunque me salga la vena oficial tengo que decirlo, que está financiando la Junta de Andalucía, que ha invertido ya 83 millones de euros para la construcción de las nuevas facultades y por el que pasará también el Metro.
Precisamente, ayer me reuní con otros 30 jóvenes, estos ya universitarios, a los que presentamos las Becas Talentia, con las que los estudiantes que hayan conseguido los mejores expedientes pueden hacer Masters en las mejores universidades del mundo, con una beca que les paga íntegramente la Junta de Andalucía y que suponen una media de 40.000 euros cada una. Con ellas se pretende que, con independencia de sus ingresos, todos los que se lo merezcan puedan perfeccionarse aún más en el extranjero.
Cuidar a nuestros jóvenes es invertir en el futuro de nuestra tierra. Cuidar nuestros bosques es invertir en el futuro de nuestra tierra.
Cuida e invierte.
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Un grupo de empresarios jóvenes de Málaga compartió con Miguel Ángel Heredia, Jesús Caldera y conmigo misma un rato de reflexión sobre la situación económica actual y las medidas del gobierno. 
Caldera hizo una magnífica exposición del origen de esta situación sobrevenida de ataque financiero al euro, mientras los empresarios y empresarias daban su punto de vista y preguntaban el porqué de la subida del IVA, la dificultad de hacer cobrar sus deudas, las complejidades del despido procedente, y tantas otras cuestiones. También aportaron sus soluciones (invertir más educación, tener más capital riesgo), alabaron los instrumentos de la Junta, como el “campus”, y debatieron sobre el precio de la energía o la dificultad de pagar la nómina de sus empleados. De lo pequeño a lo grande y al revés, sin orden que encorsetara el debate. Habría mucho que escribir con todo lo que aquella tarde dio de sí, pero me quedo con la grata experiencia de poder hablar de tú a tú sobre la compleja situación actual, comprender las experiencias y la dureza de ser joven empresario/a y su empuje vital para contribuir a hacer una Andalucía y una Málaga mejor.
Lo que más me gustó: las alusiones a la responsabilidad social de las empresas, cuestión que sé yo, de primera mano, que muchas de nuestras empresas jóvenes practican desde que nacieron.
Hoy recomiendo este libro de autor malagueño que ha sido para mí toda una revelación. Conocí al autor y me sugirió otro segundo, que me gusto tanto o más que el primero.
No sólo el autor es malagueño, sino que la trama se desarrolla en Málaga capital, en concreto en el Hospital Carlos Haya, donde los distintos personajes se encuentran en la sala de espera de UVI y comparten sus historias, sus tristezas.
También es un libro que abre en canal del debate de la eutanasia, y los hace desde un aspecto tan humano que pareciera salir de una historia real aunque sea ficción. Es en libro lo que “Mar adentro” en cine, salvando las distancias.
Conocí a Miguel en una ocasión en que invité a autores malagueños a una iniciativa de “bookcrossing”, esto es, a dejar sus propias obras en espacios al aire libre para quien quisiera los “rescatara”, los leyera, y los devolviera a otro espacio público donde quiera que fuese. Cien libros de autores malagueños fueron depositados desde la cafetería del Museo Picasso, a los jardines de la catedral, a la Avenida de la Aurora.
La idea fue la de dar a conocer a nuestros autores malagueños por sus buenas obras, como yo hago ahora al recomendar esta obra de Torres de Uralde. Muy pronto espero recomendar “Lausana” de Antonio Soler, que está sobre mi mesita de noche esperando a ser devorado. ¡Que corto es el tiempo que tengo para leer más!